Siento dolor en las venas. Antaño volaban rojas henchidas de sangre. Ahora su luz cenicienta las viste de viudas.
Atesoran galopes. Atesoran dudas. Atesoran nubes. El infortunio de la propia existencia te rodea de moscas. Quizás de avispas. Sorben el néctar. Y el cáncer propio de otra vida recorrió la savia. Quemó el cuerpo. Quemó la fibra. Arrasó el campo. Murió la simiente. Murió el trino.
©2022, Texto y foto: Anabel Lora Mingote
2 respuestas
Y el alma tan viva agita el corazon que débil late de ganas, de deseos que merman en esa trama que nos transita ya cenicienta. Un verdad que a todos nos llega, hermoso!
Qué gusto da leerte, Leila. Muchas gracias por tus palabras y por estar ahí. Un fuerte abrazo